Las noches son raras en esta casa y de vez en cuando siempre veo gente. Es muy temprano, salgo de mi dormitorio y me dirijo al campo de las flores más lindas que he visto. Sin darme cuenta veo un hombre quien se pone detrás de mí y en la oreja me dice “que soy de él y nadie hará imposible el amor que tiene hacia mí”. Quedo boquiabierta y me voy corriendo hacia la casa, lloro mucho y presiento lo peor. Después miro a ratos hacia donde lo había visto pero ya no está ahí y siento el miedo que me corre por el cuerpo.
Luego de un mes y un día, caminando por el jardín nuevamente lo vuelvo a ver pero voy corriendo hacia donde él y no se mueve hasta que llego allá y muy asustada le pregunto que quiere de mí, por qué siempre me busca la misma hora
-le dije- que si esto para él era una rutina. Es tanta la rabia que tengo hacia él, que ni siquiera soy capaz de hablar; así que me voy a mi casa. El me toma del brazo y me dice que soy el “amor de su vida y que quiere llevarme muy lejos”. Asustada y llorando le digo que no y a él le corren las lágrimas. Lágrimas de color azul y le digo que no llore por mí porque yo no soy la persona que anda buscando. Él, muy bruscamente, me suelta y me pongo a llorar; siento que lo hace con tanta maldad que me voy y no lo vuelvo a ver en más de un año.
Corre el viento del otoño cuando recibo la noticia de que estoy embarazada. Es una noticia sorprendente porque a ratos me parece que no voy a quedarme más sola, presiento de que era una niñita pero, lo malo de todo esto, es que los médicos me indicaron un pronóstico muy malo: la posibilidad de vida es muy poca. Advertida de esto, empiezo poco a poco a llamarlo desde el lugar donde lo veía siempre pero era imposible nunca llegaba. Antes de la medianoche golpean el vidrio de mi ventana, me asomo para ver quién es pero no hay nadie, nuevamente golpean y desde las flores me hacen una seña de que me acerque hacia ese lugar. No tengo ganas, pero de todas maneras tengo que ir porque su insistencia es demasiado. Llego hacia donde él, me abraza y lo primero que hace es tocarme el vientre; yo quedo impresionada pero, lo que me llama mucho la atención es que llora. Le pregunto: “¿por qué lloras?” y el no contesta. El me dice que me vendría a buscar el día de mi cumpleaños, o sea un mes antes de que tenga la guagua. Quedo impactada y desde ese momento me hago muchas preguntas - ¿a quién le dejo la niña, quien la cuidará? Y así muchas preguntas.
La niña ya ha nacido, la veo, es tan linda tengo un parecido a esa persona: ojos azules, blanquita, pelo rubio; es idéntica a él. Mi decaimiento cada día es peor, los días son más lentos, la luz de a poco se acaba y siempre antes de dormirme lo veo y me da las buenas noches. En ese momento pienso que lo único que no quiero es morirme. Es el mes, el último mes que estoy con vida. La muerte cada vez la siento más cerca y es imposible volver atrás…
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